Los Esteros del Iberá: Toda una experiencia
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El viaje que hice hace unos años a los esteros del iberá, uno de los acuíferos más grandes del mundo (si no el mas grande), contado por mi papá:
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La visita la completamos con una caminata al día siguiente por una selva contigua a los esteros acompañados por un guardaparque muy amable. El nos supo mostrar la espesa vegetación, los árboles, aves y pudimos divisar gracias a él y ante la sorpresa de los más chicos, a los monos carayá o aulladores negros que habitan el lugar. Nos enseñó también sobre su comportamiento y costumbres en ese su hábitat natural.
La conciencia por el mantenimiento del lugar sin contaminación ni daño ecológico es notable. No solo entre los guardaparques sino entre los baquianos encargados de llevar a los turistas en lanchas para ver los esteros o la selva contigua con árboles, monos y aves que invitan a quedarse horas avistándolos.
En fin, para quien no está acostumbrado a la región es una experiencia intensa de contacto con un ámbito natural nuevo lleno de sensaciones. Solo hay que estar atento a ellas para disfrutarlas a pleno.
Cuesta describir la vivencia sin experimentar un sano anhelo por volver. Es que ahora, en este instante, los esteros siguen allí, límpidos y vírgenes como siempre. Los seres que lo habitan, hombres, plantas y animales, están allí ahora viviendo, conviviendo. Es el escenario que les tocó a ellos para pasar por este mundo. Seguramente el contingente que representábamos nosotros, como visitantes, resultamos para ellos un conjunto más de seres, de esos que se acercan diariamente a los esteros para admirarlos a bordo de un bote y luego se van. Pero ellos, los habitantes de los esteros, siguen allí, al parecer contentos de su destino y capaces de compartirlo con sus ocasionales visitantes.
Por mi parte, me da gusto cerrar los ojos y tratar de revivir esos momentos inolvidables que representaron el conocer los esteros. Momentos en que el aire traía su perfume de agua de río limpia y de hierba verde. Recuerdo bien aquel horizonte de la tardecita que pintaba un telón de fondo gris azulado fuerte y tormentoso que hacía sonar sus truenos lejanos relegando al sol poniente a contentarse con mostrar algunos rayos de luz rojiza solo a través de las pocas hendijas que dejaban las nubes cargadas. Los yacarés, los chajás y los carpinchos en su vida silvestre se expresaban a sus anchas. Las plantas acuáticas reverdecían pulcras y brillantes en los embalsados. Y más tarde, cuando la oscuridad pretendía cubrirlo todo, las flores nocturnas entre los camalotales blanqueaban la noche en modo brillante y vistoso logrando que las estrellas celen al cielo. Y el momento grato en las carpas de campaña, donde los chicos se dormían plácidamente mientras agradecían a Dios las maravillas que les había traído ese magnifico día coronadas con las ficticias historias a mi cargo de dos personajes: Frank y Ram, estudiantes universitarios extranjeros que se las ingeniaron para entrelazar sus estudios de postgrado con increíbles aventuras en los esteros correntinos.
Esteros del Iberá. Un lugar para conocer. Su aire, su gente, sus seres. Por todo ello y por la concurrencia de otros visitantes como nosotros que por ahí andaban pero que no hablaban ni el castellano ni el guaraní, se me hace que una frese célebre de la publicidad es aplicable a este magnífico lugar: En Europa no se consigue.
Comentarios
2 comentarios a “Los Esteros del Iberá: Toda una experiencia”
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Marcelito: Te felicitoe contó de tu blog Fran y entre. Me pareció genial y no quería dejar de felicitarte. Seguis siendo mi ídolo!!!!!
Que bueno sería hacer otro viaje ¿no?. Te voy a mandar algo que escribí del viaje que hice el año pasado con la flia.
Un fuerte abrazo
Ramiro
Con la última frase me compraste, en serio.
“¡Para que aprendan, europeos!”