El Programa Final – III – Medidas Desesperadas
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30 horas antes del Inicio
No le gustaba la determinación en su cara. ¿Dónde estaba la desilusión? Una misión tan arriesgada… y la había aceptado. En parte, era un obstáculo superado, pero presentaba otro distinto.
Ella era la mejor. En eso estaba de acuerdo. Pero si Antropetha realmente estaba ahí… aunque la información no era del todo confirmada, por supuesto. Ella no moriría. Y si lo hiciera… sería otra traba esquivada. Al pensar esto una lágrima partió de su único ojo y recorrió la mejilla izquierda. La dualidad de sus pensamientos entrechocaba en su cerebro. Surcó el espacio de su ojo faltante con un dedo, y, una vez más, recordó aquel día.
Él no se caracterizaba por su buen temperamento. Su bipolaridad asustaba a muchos, y en ese momento lo asustó a sí mismo. En un momento estaba lleno de tristeza, y un segundo después se llenó de furia, y se culpó por su error. Su ojo era el sacrificio que había pagado por aquello. Mientras la melancolía aumentaba, siguió recordando, como si hubiera pasado en otra vida. Un amor. Un error. Un sacrificio. Y luego… vacío. Ahora, enojo. Ella se lo merecía. Ella merecía la muerte. Se descubrió pensando eso y arrojó su dicotónomo por los aires. Y una vez más, se asustó de su persona.
Pero, como antes se había sacrificado por un simple amor, ahora debía sacrificar más por lo que estaba por llegar. No le gustaba la idea, para nada, pero se recordó que no había ninguna opción.
Las imágenes corrían por su mente. La forma de lo que venía en el futuro era perturbadora, pero un alivio, hacia el final. Recogió los pedazos de su instrumento, esparcidos por el piso, y luego tomó de la estantería una botella de aguahirviente. Eran tiempos desesperados, que requerían medidas desesperadas. Era un costo asequible. ¿Lo era? Había evadido esa pregunta las últimas semanas. Tragó. El líquido ardió por su garganta y su pecho, pero no notó la diferencia con la sensación que estaba teniendo desde hace dos horas.
-Medidas desesperadas- repitió -. En tiempos como estos, es lo único que se puede hacer. No siento culpa. No siento culpa…
“Y además tengo un arma. Además, tengo la llave para el futuro. Esto no puede acabar, no lo pueden detener”. Porque las medidas desesperadas ya habían empezado.
Y no se imaginaba ni por asomo de lo que con eso iba a desencadenar.
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Nota del Autor: Los capítulos van a ser generalmente así, cortos y concisos. Espero que se me sigan ocurriendo cosas. La publicación de esta parte tardó porque perdí el borrador, y decidí escribirlo de vuelta hoy. Espero que les vaya gustando!
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