El Programa Final – V – El error del oráculo

19 Marzo, 2010 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, El Programa Final · 1 Comentario 

23 horas después del Inicio
Locación desconocida.

Delphius se despertó en el futuro. Y lo que vio no era correcto. No concordaba con lo de la otra vez. Era peor. Y no tenía tiempo.

8 minutos antes del Inicio
Locación Clasificada

Delphius se despertó en el presente. Y realmente, no tenía tiempo.  Quedaban aproximadamente 10 minutos para que la niña apretara el botón, e incomunicado con la llamada civilización, no podía hacer nada. Solo esperar. Y tratar de ver los hechos. ¿Había algo que se le había escapado? No podía ser cierto. No a él, no al mejor. Tal vez al estúpido de Trophonius, o a su maestro Dodohna, que en paz descanse. Pero no a Delphius Pithia.

Inspeccionó el presente cerca de los cuarteles, hasta que algo lo sobresaltó. Eso no estaba en los planes. ¿Qué hacía ella con uno de los Otros? Parecía un niño… pero ciertamente no era inofensivo. ¡Esa niña había cometido el craso error de considerarlo! No podía ser.

-¡Maldita sea!- exclamó

Decidió inspeccionar el pasado de aquel ser. Si realmente era un niño no tendría demasiado.

74 horas antes del inicio
Locacion desconocida

Abrió los ojos en el pasado.

Y lo que vio fueron otros ojos. No ojos cualquieras. Los ojos de ella. Los ojos del niño.

Los temibles ojos de Antropetha.

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Nota del autor: Si, Delphius está inspirado en Delfos, Trophonius en Trofonio y Dodohna en Dodona.

El Programa Final – IV – El Plan de los Otros

16 Octubre, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, El Programa Final · 1 Comentario 

He estudiado, ¡ay! Filosofía,
Medicina, jurisprudencia,
y también, por desgracia, teología.
A fondo, con ardiente persistencia;
¡Y heme aquí, pobre majadero
Tan en ayunas hoy como el día primero
[…]
Ello me tiene el alma requemada…
Más seso tengo que la fatua turba
[…]
Ni escrúpulo ni duda me conturba,
no temo al infierno,
¡Y no me importa el diablo un cuerno!
¡En cambio, de alegrías ya ninguna me queda!
[…]
Por eso a la magia me di,
Por si acaso un espíritu benigno
Me revelara algún secreto signo
A fin de verme libre del desdoro
[…]
¡De ver actuar las fuerzas primordiales
Y no más revolver frases insustanciales!

Fausto – Goethe

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Locación desconocida
70 horas antes del Inicio

Antropetha ingresó a sus aposentos, que literalmente la estaba esperando. Estos, provisionales y proveídos por Dieciséis, parecían más confortables que los que tuviera alguna vez en su casa, ahora convertida en cenizas.

-Pero eso fue hace mucho tiempo.

Vestida con lo mismo de siempre; su túnica andrajosa como de monje renegado y sus sandalias. Exceptuando eso, no se notaba nada. Pero lo que más se remarcaba en su figura eran sus ojos. Esos, que habían conquistado a tantos incautos. Esos, que le habían permitido realizar su venganza. Esos, que la habían marcado, que habían marcado a tantos.

Esos, de color rubí, hiedra candente de un desierto de lágrimas, centellantes, profundos, mágicos. Le era imposible mirarse al espejo sin notarlos. Eran salvajes. Pero cuando aprendió a usarlos en su provecho, se volvieron más salvajes todavía.

-Siguen buscándome, ¿no es así?- fijó algunos datos en una pantalla que ahora flotaba sobre su cabeza. – Dieciséis es especial. Es mío. Jamás lo encontraran.

Reflexionó y  de pronto se dibujo una siniestra pero de alguna manera feliz sonrisa en su cara.

-O tal vez lo harán. Si… tal vez lo harán

Contactó a los otros. Cerró los ojos y los imaginó. Y se imaginó a ella cerca suyo. Y les habló. Y se los comunicó.

Se desnudó, como habituaba para dormir, y se echó una siesta. Era hora de esperar.

34 horas antes del Inicio
Locación desconocida

-Deben estar recibiendo la información en este momento. Es hora de comenzar con los preparativos.  – Sonrió con flagelo una vez más, y recordó aquel día en el que sus ojos habían surgido. El día que ese otro ojo había desaparecido. El día de la decisión. Era momento de una venganza.

2 horas antes del Inicio.
Locación desconocida.

-Ya vienen. Allí, detrás de los helechos- susurró -. ¡No miren, imbéciles! Pretendan trabajar.

-Mi plan funcionó. Es Ella. La siento. Ahora, que dispare.

Se escuchó una explosión, y luego negro.  Cuando abrió los ojos a la luz, la vio acercarse, mientras le hablaba. Antropetha sonrió para sus adentros, mientras escuchaba sus palabras.

-Sal de ahí, pequeño. No te vamos a lastimar-.

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El Programa Final – III – Medidas Desesperadas

22 Agosto, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, El Programa Final, Literatura · 2 Comentario 

30 horas antes del Inicio

No le gustaba la determinación en su cara. ¿Dónde estaba la desilusión? Una misión tan arriesgada… y la había aceptado. En parte, era un obstáculo superado, pero presentaba otro distinto.

Ella era la mejor. En eso estaba de acuerdo. Pero si Antropetha realmente estaba ahí… aunque la información no era del todo confirmada, por supuesto. Ella no moriría. Y si lo hiciera… sería otra traba esquivada. Al pensar esto una lágrima partió de su único ojo y recorrió la mejilla izquierda. La dualidad de sus pensamientos entrechocaba en su cerebro. Surcó el espacio de su ojo faltante con un dedo, y, una vez más, recordó aquel día.

Él no se caracterizaba por su buen temperamento. Su bipolaridad asustaba a muchos, y en ese momento lo asustó a sí mismo. En un momento estaba lleno de tristeza, y un segundo después se llenó de furia, y se culpó por su error. Su ojo era el sacrificio que había pagado por aquello. Mientras la melancolía aumentaba, siguió recordando, como si hubiera pasado en otra vida. Un amor. Un error. Un sacrificio. Y luego… vacío. Ahora, enojo. Ella se lo merecía. Ella merecía la muerte. Se descubrió pensando eso y arrojó su dicotónomo por los aires. Y una vez más, se asustó de su persona.

Pero, como antes se había sacrificado por un simple amor, ahora debía sacrificar más por lo que estaba por llegar. No le gustaba la idea, para nada, pero se recordó que no había ninguna opción.

Las imágenes corrían por su mente. La forma de lo que venía en el futuro era perturbadora, pero un alivio, hacia el final. Recogió los pedazos de su instrumento, esparcidos por el piso, y luego tomó de la estantería una botella de aguahirviente. Eran tiempos desesperados, que requerían medidas desesperadas. Era un costo asequible. ¿Lo era? Había evadido esa pregunta las últimas semanas. Tragó. El líquido ardió por su garganta y su pecho, pero no notó la diferencia con la sensación que estaba teniendo desde hace dos horas.

-Medidas desesperadas- repitió -. En tiempos como estos, es lo único que se puede hacer. No siento culpa. No siento culpa…

“Y además tengo un arma. Además, tengo la llave para el futuro. Esto no puede acabar, no lo pueden detener”. Porque las medidas desesperadas ya habían empezado.

Y no se imaginaba ni por asomo de lo que con eso iba a desencadenar.

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Nota del Autor: Los capítulos van a ser generalmente así, cortos y concisos. Espero que se me sigan ocurriendo cosas. La publicación de esta parte tardó porque perdí el borrador, y decidí escribirlo de vuelta hoy. Espero que les vaya gustando!

El Programa Final: II – Misión

6 Agosto, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, El Programa Final, Literatura · 1 Comentario 

32 horas antes del Inicio

Yo ya sabía, en ese momento, lo que me iba a pedir, y en mi mente ya lo había aceptado. Treinta años de entrenamiento, quince de batalla, yo era la única capacitada para hacerlo.

-Debes destruir el último. El decimosexto. Sabemos que pasará su caravana, sin protección, a cuarenta y dos grados norte de la base subterránea 12BH, por el antiguo camino a la Gruta del Agua- dijo Él. El camino hacia el santuario había desaparecido una década y media atras, y ahora era un bosque sin fauna.
Me sentí segur, en ese momento, de que mi equipo y yo los encontraríamos de inmediato, y destruiríamos su último Aparato. Aunque una duda atesto mi mente, no era tiempo de discutir.

-Lo encontraremos, señor. Mi equipo es el mejor.
-Ese es el otro tema. Irás virtualmente sola. Con un cadete.- la verdad me cayó como un balde de agua fría-. Ya sabes que detectan nuestro equipamento con el Aparato, y dicen que la misma Antrópetha estará con ellos. No podemos arriesganos a que desaparezca con el objeto.

En ese momento, mi cerebro se partió en dos. ¿Yo sola? Era -soy- la más fuerte del batallón, pero sólo yo contra una expedición suya, con Antrópetha a la cabeza, era difícilmente un triunfo. Aun así tenía mi orgullo, y no pensaba rendirme ante lo que se veía en el horizonte.

-Si señor- dije, y denoté otra cosa obvia – Pero, si la Ilusión se destruye… recuerde lo que dijo Delphius.
-Lo sé- respondió Él-. Va a ser un caos. Pero tu y yo tenemos lo que puede terminar con eso- En ese momento lo recordé, por supuesto. La conversación no había tocado ese delicado tema. Con más coraje, completé su oración.

-El programa final

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El Programa Final, Parte I: Ella

22 Julio, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, El Programa Final, Literatura · 1 Comentario 

[Esta es la versión corregida y definitiva de la parte 1, que ya publiqué anteriormente. El que lo haya visto antes, notará las diferencias. Tuve que hacerlas]

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1200 horas. Locación clasificada.

-No. Avanza un poco mas.- Se encaminaban entre las sombras que les proveían los arbustos. -Cuidado con las hojas.

-Oh, gracias.- Y las iba a apartar cuando Ella lo interrumpió
-¡No, no, no!. No lo toques.
-¿Es tán importante para nuestra supervivencia el no tocar unas hojas?
-Si.
-Supongo que los rumores acerca tuyo eran ciertos.- murmuró. Sus colegas ya habían hablado de Ella. Estricta, fuerte. Sabia. Implacable.
-No. No todos.- Se sobresaltó al notar que lo había escuchado.

Pronto llegaron a las afueras del campamento que buscaban, refugiados bajo un gran árbol.

-Apunta la escopeta al mas cercano.
-¿Yo? Pero…
-Ahora, quedate quieto.
-Está bien, pero no sería mejor que…
-Cuando yo dicte.- siguió ella
-Bueno, supongo que..
-Fuego!

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-Sal de ahi, pequeño. No te vamos a lastimar.- él miro sorprendido la escena, y protestó.
-Pero, señor, es uno de ellos.
-No solo es eso. Es un ser viviente. El no lo sabe. El no destruye. No es como ellos. Por ahora…
-Quiere decir usted que esto..-él- es lo que–
-Exacto.

Se quedó sin palabras. Eso… eso era…
-Debemos ir, ya deben olerlo. Lo estan buscando.
-No pueden sentirlo con el viento hacia nosotros.
-¡Já! Obviamente lo sienten. ¿Que te crees? Se nota que es un novato. Bueno, por lo menos completaste esta misión.
-Supongo que ya no soy novato después de todo… Él me dijo–
-Si, Él va a estar contento.-

-Pero si le llevamos este paquete…- su forma de interrumpirlo lo estaba irritando
-Aunque no lo comprendas, aunque Él no lo entienda, es uno de los nuestros ahora.
-No puede ser cierto. Desde que el Cataclismo…-
-No importa. La Ilusion se sostiene aunque El Aparato no esté.
-¡Pero es una bestia! ¡Es uno de ellos!
-¡No sabe hablar! No se mueve casi. Es una oportunidad.
-Si es nuestra oportunidad, debemos irnos ahora, porque si no… volaremos

-Sí. Solo faltan 35 minutos para La Explosion.
-Si realmente es… esa locura… es lo único que puede terminar con esto.
-Aprendiste rápido. Si, es lo unico.
-No quiero ser repetitivo, pero es uno de ellos. No puedo dejar de pensar de que no es una solución posible.
-Por ahora no se encontró ninguna otra solucion.

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Base. 1400 horas.

-Ya volvimos! Su Decimosexto Aparato esta exterminado, y tenemos un recluta.
-¡Un recluta! ¡Pero que demonios!-
-No importa lo que pase, teniente. Es mi responsabilidad.
-Va a evolucionar y luego…
-Si después pasa eso, te aseguro, yo misma le disparo
-Veo que sigues interrumpiendo, como siempre.

-Yo no debo dar explicaciones. No a Él.
-Me brindarás una explicación a mí.
-No es necesario. Sigo teniendo mi rango.
-¿Quiere ser relevada?
¿Acaso ustedes quieren que me vaya? ¡Já!- los operarios miraron al Teniente. Resignado, no tuvo otra opción que disculparse.- Asi esta mejor.
-Debes rellenar el formulario…
-Antes, tengo algo que decir, y espero que escuchen bien. – Nadie en la sala de comandos supuso que iba a pronunciar esas palabras, aunque de alguna manera lo esperaban. El momento habia llegado. Sus palabras fueron sentenciantes.
-Iniciemos el Programa Final.

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