Random Comic #1 – iPad

18 Abril, 2010 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Humor, Yo · 3 Comentario 

Si, soy muy rad, hice un chiste sobre el iPad.

Y soy más rad todavía, lo hice en inglés (?)

Ahi va mi primer (ya fallido de antemano) comic.

El Programa Final – V – El error del oráculo

19 Marzo, 2010 · Archivado en Cosas de mi autorí­a · 1 Comentario 

23 horas después del Inicio
Locación desconocida.

Delphius se despertó en el futuro. Y lo que vio no era correcto. No concordaba con lo de la otra vez. Era peor. Y no tenía tiempo.

8 minutos antes del Inicio
Locación Clasificada

Delphius se despertó en el presente. Y realmente, no tenía tiempo.  Quedaban aproximadamente 10 minutos para que la niña apretara el botón, e incomunicado con la llamada civilización, no podía hacer nada. Solo esperar. Y tratar de ver los hechos. ¿Había algo que se le había escapado? No podía ser cierto. No a él, no al mejor. Tal vez al estúpido de Trophonius, o a su maestro Dodohna, que en paz descanse. Pero no a Delphius Pithia.

Inspeccionó el presente cerca de los cuarteles, hasta que algo lo sobresaltó. Eso no estaba en los planes. ¿Qué hacía ella con uno de los Otros? Parecía un niño… pero ciertamente no era inofensivo. ¡Esa niña había cometido el craso error de considerarlo! No podía ser.

-¡Maldita sea!- exclamó

Decidió inspeccionar el pasado de aquel ser. Si realmente era un niño no tendría demasiado.

74 horas antes del inicio
Locacion desconocida

Abrió los ojos en el pasado.

Y lo que vio fueron otros ojos. No ojos cualquieras. Los ojos de ella. Los ojos del niño.

Los temibles ojos de Antropetha.

Capítulo anterior – Capítulo siguiente

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Nota del autor: Si, Delphius está inspirado en Delfos, Trophonius en Trofonio y Dodohna en Dodona.

Te amo

17 Noviembre, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Yo · 2 Comentario 

Tus ojos, verdaderas gemas
Tu pelo, que a todos enajena
Tu risa, el trino de los ángeles
Todo aquello, mi feliz condena

La escencia de tu paso
la herencia de un suspiro
cada cosa que respiro
aumenta mi fracaso

El Sol se opaca con verguenza
cuando pasas a cielo abierto
la luna te tiene pavor
y vos sin remordimiento

Y aunque suene un cliché
creo que siempre te esperé.
La vida que yo creé
Termina en un nosequé

Y si te fueras algún día
para mí el acabose sería
por eso por favor pido,
no te alejes, que te olvido

Y si algún día te olvido
No me puedo perdonar
Pero esa radiante sonrisa
Ya no la puedo olvidar

Así que me pondré a esperar
A que pase una buena noticia
Y pueda llevarte conmigo
Con sólo una primera vista

Y no me importa la espera
Que bien vale la paciencia
Me importa más estar listo
para que inundes mi existencia

Porque te amo,
Te amo con todas tus fallas
Te amo con toda mi alma
Te amo, me haces falta.

17/11/2009

17:01

7 Noviembre, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Cuento, Literatura · 3 Comentario 

Gracias a mis musas :P

Foto por texasphotowrangler (Flickr)

Foto por texasphotowrangler (Flickr)

1. Caminaba eufórica aunque con un aura sabor a miel. Sonó la campana de las diecisiete, con cinco trinos que no se atrevieron a comparar con el sonido de sus sutiles pasos, temerosas de quedar en una trepidante e imposible carrera por la belleza etérea.

No quedaba duda, las palomas volavan con pavor, desertando las baldosas, deteniendo el tiempo por un momento. Miró, y se fundió con placer, sonriendo con presteza. Y luego el momento pasó. Pero la sensación quedó.

Las nubes no llovieron esa noche. Los grillos, sin embargo, cantaron.

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2. Caminaba sin pasión, más con prisa. Silbando bajo una canción de cuna, escapando de la realidad aplastante, del sol que bajaba. Respirando hondo, cruzó la calle y volvió a internarse en la jungla incoherente que era su vida. Intentando volver a su utopía, a su propio universo, silbó otra vez, y escuchó la campana de las cinco, sin prestar atención.

Súbitamente, las palomas volaron y despertó, aunque por un instante no le pareció así.

Sintió que el tiempo se detenía, y por alguna extraña razón olió miel. La dulce escencia de su infancia. Miró de dónde provenía, y dos miradas se hicieron una. Sonrió, se contagió y apostó a que aquella noche no llovería.

Porque ellos pasaron.

Mi charla del Barcamp – Los jovenes, las nuevas tecnologías y la comunicación

1 Noviembre, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Yo · 5 Comentario 

Les adjunto mis borradores (que en la charla se ampliaron bastante) de la expocisión que presente ayer en el genial Barcamp.

Foto de joe_rey2002 (Gracias!)

Pongo en un .ZIP el archivo de Word y la presentación PowerPoint. Recomiendo que se vean en simultáneo, en el documento Word indico cuándo se cambia de diapositiva.

Igualmente, cuando esté disponible, voy a poner el video de la exposición, que está mejor :)

Descargar [Megaupload, sorry, WP no me dejó]

El Programa Final – IV – El Plan de los Otros

16 Octubre, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a · 1 Comentario 

He estudiado, ¡ay! Filosofía,
Medicina, jurisprudencia,
y también, por desgracia, teología.
A fondo, con ardiente persistencia;
¡Y heme aquí, pobre majadero
Tan en ayunas hoy como el día primero
[…]
Ello me tiene el alma requemada…
Más seso tengo que la fatua turba
[…]
Ni escrúpulo ni duda me conturba,
no temo al infierno,
¡Y no me importa el diablo un cuerno!
¡En cambio, de alegrías ya ninguna me queda!
[…]
Por eso a la magia me di,
Por si acaso un espíritu benigno
Me revelara algún secreto signo
A fin de verme libre del desdoro
[…]
¡De ver actuar las fuerzas primordiales
Y no más revolver frases insustanciales!

Fausto – Goethe

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Locación desconocida
70 horas antes del Inicio

Antropetha ingresó a sus aposentos, que literalmente la estaba esperando. Estos, provisionales y proveídos por Dieciséis, parecían más confortables que los que tuviera alguna vez en su casa, ahora convertida en cenizas.

-Pero eso fue hace mucho tiempo.

Vestida con lo mismo de siempre; su túnica andrajosa como de monje renegado y sus sandalias. Exceptuando eso, no se notaba nada. Pero lo que más se remarcaba en su figura eran sus ojos. Esos, que habían conquistado a tantos incautos. Esos, que le habían permitido realizar su venganza. Esos, que la habían marcado, que habían marcado a tantos.

Esos, de color rubí, hiedra candente de un desierto de lágrimas, centellantes, profundos, mágicos. Le era imposible mirarse al espejo sin notarlos. Eran salvajes. Pero cuando aprendió a usarlos en su provecho, se volvieron más salvajes todavía.

-Siguen buscándome, ¿no es así?- fijó algunos datos en una pantalla que ahora flotaba sobre su cabeza. – Dieciséis es especial. Es mío. Jamás lo encontraran.

Reflexionó y  de pronto se dibujo una siniestra pero de alguna manera feliz sonrisa en su cara.

-O tal vez lo harán. Si… tal vez lo harán

Contactó a los otros. Cerró los ojos y los imaginó. Y se imaginó a ella cerca suyo. Y les habló. Y se los comunicó.

Se desnudó, como habituaba para dormir, y se echó una siesta. Era hora de esperar.

34 horas antes del Inicio
Locación desconocida

-Deben estar recibiendo la información en este momento. Es hora de comenzar con los preparativos.  – Sonrió con flagelo una vez más, y recordó aquel día en el que sus ojos habían surgido. El día que ese otro ojo había desaparecido. El día de la decisión. Era momento de una venganza.

2 horas antes del Inicio.
Locación desconocida.

-Ya vienen. Allí, detrás de los helechos- susurró -. ¡No miren, imbéciles! Pretendan trabajar.

-Mi plan funcionó. Es Ella. La siento. Ahora, que dispare.

Se escuchó una explosión, y luego negro.  Cuando abrió los ojos a la luz, la vio acercarse, mientras le hablaba. Antropetha sonrió para sus adentros, mientras escuchaba sus palabras.

-Sal de ahí, pequeño. No te vamos a lastimar-.

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El Programa Final – III – Medidas Desesperadas

22 Agosto, 2009 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Literatura · 2 Comentario 

30 horas antes del Inicio

No le gustaba la determinación en su cara. ¿Dónde estaba la desilusión? Una misión tan arriesgada… y la había aceptado. En parte, era un obstáculo superado, pero presentaba otro distinto.

Ella era la mejor. En eso estaba de acuerdo. Pero si Antropetha realmente estaba ahí… aunque la información no era del todo confirmada, por supuesto. Ella no moriría. Y si lo hiciera… sería otra traba esquivada. Al pensar esto una lágrima partió de su único ojo y recorrió la mejilla izquierda. La dualidad de sus pensamientos entrechocaba en su cerebro. Surcó el espacio de su ojo faltante con un dedo, y, una vez más, recordó aquel día.

Él no se caracterizaba por su buen temperamento. Su bipolaridad asustaba a muchos, y en ese momento lo asustó a sí mismo. En un momento estaba lleno de tristeza, y un segundo después se llenó de furia, y se culpó por su error. Su ojo era el sacrificio que había pagado por aquello. Mientras la melancolía aumentaba, siguió recordando, como si hubiera pasado en otra vida. Un amor. Un error. Un sacrificio. Y luego… vacío. Ahora, enojo. Ella se lo merecía. Ella merecía la muerte. Se descubrió pensando eso y arrojó su dicotónomo por los aires. Y una vez más, se asustó de su persona.

Pero, como antes se había sacrificado por un simple amor, ahora debía sacrificar más por lo que estaba por llegar. No le gustaba la idea, para nada, pero se recordó que no había ninguna opción.

Las imágenes corrían por su mente. La forma de lo que venía en el futuro era perturbadora, pero un alivio, hacia el final. Recogió los pedazos de su instrumento, esparcidos por el piso, y luego tomó de la estantería una botella de aguahirviente. Eran tiempos desesperados, que requerían medidas desesperadas. Era un costo asequible. ¿Lo era? Había evadido esa pregunta las últimas semanas. Tragó. El líquido ardió por su garganta y su pecho, pero no notó la diferencia con la sensación que estaba teniendo desde hace dos horas.

-Medidas desesperadas- repitió -. En tiempos como estos, es lo único que se puede hacer. No siento culpa. No siento culpa…

“Y además tengo un arma. Además, tengo la llave para el futuro. Esto no puede acabar, no lo pueden detener”. Porque las medidas desesperadas ya habían empezado.

Y no se imaginaba ni por asomo de lo que con eso iba a desencadenar.

Capítulo anteriorCapítulo siguiente

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Nota del Autor: Los capítulos van a ser generalmente así, cortos y concisos. Espero que se me sigan ocurriendo cosas. La publicación de esta parte tardó porque perdí el borrador, y decidí escribirlo de vuelta hoy. Espero que les vaya gustando!

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