Paradoja (?)

12 Agosto, 2008 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Humor, Humor gráfico · 4 Comentario 

 

Para el que no entendio: 1ro: Una ventana con forma de Manzana. 2do: Se abre la ventana. 3ro: Se ve un pinguino en la ventana

El chiste no es bueno, queria probar el scanner :razz:

WordPress 2.6 instalado perfectamente y funcionando

15 Julio, 2008 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, General · 6 Comentario 

Si! Pude actualizar “de memoria”, lo hice como la última vez que salió bien (va para Cuborubix!):

  • Desactivo todos los plugins
  • Hago un respaldo de todos los archivos del FTP menos la carpeta wp-content y el fichero wp-config.php
  • Descargo la versión nueva
  • Subo todo lo de la versión nueva menos la carpeta wp-content y el fichero wp-config-sample.php (porque nunca los eliminé)
  • Voy a [miblog]/wp-admin/upgrade.php, dos clicks, y listo
  • Por último, programo WordPress en mi lenguaje. Carrero ya sacó una versión

Me da muuucha fiaca enumerar todo lo nuevo, así que veanlo ustedes mismos, aka ¡actualicen!

Shet. no me funca el actualizar imágenes… voy a ver que hago…

¡Arreglado, vamos carajo!

El volador

3 Junio, 2008 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Literatura · 5 Comentario 

Podía volar. Salió así, exento de preocupaciones, flotando, yendo de aquí para allá, ignorante del mundo. Después de salir de ese encierro, ese huevo en el que estaba atrapado, y nadar un rato, se dio cuenta que podía salir. Y salió. Y se dio cuenta de que podía volar.

En todos los sentidos. Su entusiasmo parecía apagarse cuando daba un traspié en el aire, pero remontaba, viendo todo con los ojos desorbitados, desde allí arriba. Ignoraba lo que estaba haciendo, en realidad. Era instintivo, sus músculos se lo pedían. Aunque él si quería, sí. Esa sensación de libertad era demasiado placentera para ser cierta. Tal vez, no era real, tal vez todavía estaba allí abajo, soñando todo. Pero no, no podía pasar eso, no podía creer eso. Seguía con vida, eso era algo. Pero ya empezaba a dar miedo el aire.

No, no tenía miedo, eran los nervios del primer vuelo.  Hacia abajo, todo verde, hacia arriba, todo azul. Era inmensamente gigantesco el mundo, desde ahí. Pero debía aterrizar. No podía bajar justo debajo porque el enorme bosque que había no lo iba a dejar volver a volar. Además, no sabía que fieras acechaban esa jungla.  Decidió sobrevolar los alrededores, para ver si encontraba algún terreno llano. Pero no encontró nada.

Horas de viaje, por diferentes lugares, y al fin, encontró una planicie, desértica, pero enorme… Se preguntó que era eso, que tanto lo atraía, y aterrizó. De pronto, e instintivamente otra vez, sintió que había líquido debajo de ese liso terreno. Escarbo un poco y pudo saciarse completamente con lo que encontró, pero de improviso escucho algo muy fuerte, y todo sucumbió, y se movió. Debía escapar, o sería su fin. Entonces volvió a volar, con pesadez, mientras veía pasar a su lado gigantescas masas desconocidas que lo hubieran matado si lo chocaban.

Se alejó rápidamente, consciente de que si permanecía unos segundos más cerca de ese lugar, moriría. Estaba aterrado. Quería volver al agua pero sabía que no podía, que se ahogaría. Era el único lugar seguro…

Siguió volando, y de pronto se encontró con un obstáculo gigantesco, del mismo material del que estaban hechas esas cosas que casi lo atrapan. Sintió que volvía al agua por un momento, pero no. Era una lluvia muy volátil, y asquerosa. Sintió que su cuerpo se quemaba, y que estaba otra vez en peligro, con ese líquido ácido y oloroso. Salió zumbando de allí.

Exhausto, bajó a ese inmenso bosque, con esos gigantescos palos verdes enormes, y allí quedó. Su primer día de vida en el exterior, y posiblemente el último.

Pobre. Era un mosquito sin suerte.

El Origen

1 Mayo, 2008 · Archivado en Abstracto, Cosas de mi autorí­a, Literatura · 2 Comentario 

Nada exhalaba esa nada infinita. Infinita, pero sin existir. Una paradoja de una paradoja, algo inexplicable, pero real al fin. ¿O irreal? ¿No había nada, o allí estaba todo escondido, esperando a salir? Una explicación para la inmortalidad, sería eso. Esa incongruencia, sin ningún adyacente, no podía ser más que inmortal.

Hasta que, en ese momento glorioso, de la invisibilidad de lo inexistente surgió una chispa. Una luz, en medio de la negrura de nunca acabar. ¿Podía ser cierto?  No había nada para comprobarlo.

Creció, creció, creció. Diferentes colores tenía, ya no era un simple destello. Reflejábase en la formación esa gran Nada, indiferente a lo que pasaba. Pero ya se movía, ya se desperezaba en un intento de expandirse. Se achicaba, se dilataba, no volvía a ser lo mismo nunca.

Volvía sobre sus pasos, no podía ir muy lejos. Se generaba, se destruía, se inmortalizaba ante los ojos de nadie. Se abrió más.
De pronto, otra chispa a su lado. No podía dejar de incluirla en su ente. La atrajo hacia sí, absorbiendo su luz. Y una partícula más, y seguía creciendo. Quería abarcar todo, absolutamente todo. Se guardaba para sí las cosas, en un espacio cada vez más ocupado.

Se cerró de pronto, se contrajo, por ningún motivo aparente. Y encontró otro elemento. Uno más, de los millones de millones que había incluido a su objeto. Uno más, que habría de desatar la gran catástrofe. Pero no hay mal que por bien no venga.

Lo tomó, y lo diluyó en sí. Y entonces ocurrió. Se desataron los ligamentos, todo salio disparado hacia los lados. La Gran Explosión había comenzado. Y la Nada se convirtió en Todo. Y se juntaron las cosas, y seguían expandiéndose. Y el Todo se formó. Y todo surgió.

Y aquí estamos. Inconscientes de lo que pasó alguna vez, hace mucho tiempo. Sólo hay que pensar en no destruir, ahora, lo que una destrucción masiva pudo crear hace millones de años.

Usando frases raras

22 Abril, 2008 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, WTF · 1 Comentario 

Lo que sigue surgió de la monotonía del aburrimiento, o del aburrimiento de la monotonía, no sé. La cosa es que me puse a escribir sin darme cuenta, y despues no pude parar hasta que termine con algo. Si no lo entienden, no estan locos, no busquen un libro de poesia.

Un ermitaño está sentado mirando por su ventana.
No sabe que a su vez, un sabueso lo mira.
Otra ventana refleja al perro
Solo sé que no lo se nada, decía Sócrates

Vaya que el ermitaño no sabía nada
El viejo no puede hablar, ni escuchar
Reflejado ve al perro en la ventana
Se da vuelta y lo mira con desconfianza
O es enojo, no lo sé
Sólo sé que no sé nada

Indica al perro con la mirada, que se largue
No sabe el perro que quiere decir el ermitaño
Como lo sé, no lo sé
Otra vez Sócrates actuando
Hechos sin pies ni cabeza
Ermitaños y canes
Rápidamente, el perro se vá
El ermitaño mira añorado
No sabe lo que le pasa
Todos sabemos que no sabemos nada
Esto pasa siempre
Solo se, ahora, que las iniciales de estas oraciones forman otra.

Fijo, el hombre mira a su ventana otra vez
Incluso, podríamos decir que sueña
No sabemos. Solo una cosa. Que no sabemos nada
.

El Séptimo Duque

21 Abril, 2008 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Literatura · Comenta 

Solo. En una cueva oscura que parecía abandonada desde el período en el que la naturaleza no había brindado todavía un gran coeficiente a la raza humana. A la merced de arañas, murciélagos fantasmagóricos, esperando un milagro inesperado, algo que cambie. Cabía la posibilidad de lluvia, pero el agua no entraría a la cueva. Y él no se atrevía a salir. No con ellos al acecho.

Estaba ahí desde hace un par de días. Enfermo, casi podríamos decir moribundo, alimentándose de lo poco que había allí, bichos y hojas secas. Afortunadamente la sombra del enorme risco que se cernía peligroso a unos metros de la entrada ocultaba su presencia, pero tenía que vivir a tientas. Famélico, hurgó en un rincón algo que fuera jugoso. Un escarabajo cayó en sus manos, y trato instintivamente de escapar antes de ser devorado con avidez infrahumana por aquel hombre tan extraño.

De pronto salió el sol y unos rayos entraron en la caverna. Era extraño, porque una neblina se había propagado por todo el lugar, y no había nunca dado muestras de que iba a ceder. Además, ¿qué luz podría haber sorteado esa roca tan grande? Pero él no se percató de eso.

Los hilos dorados se colaron por las pupilas del fugitivo, cegándolo instantáneamente. Un brillo de esperanza cubrió sus ojos y un rubor corrió por su cuerpo. Rápidamente se levantó, mirando a su alrededor, a lo que había sido su último hogar. El extraño vestía unos harapos que solían ser un atuendo color esmeralda, pero que con el tiempo y el uso constante habíanse transformado en un género gris con tonalidades verdosas. Su cara no podía estar peor. Su fisonomía indicaba que vivía en la miseria, con su barba de tres meses, polvo por todos lados y una expresión de tristeza inconsolable. Sus piernas temblaban por el frío, y sus pies, negros como el carbón, no tenían sensibilidad. Pero de pronto pareció extraer algo de fuerza que tenía guardada, porque corrió imprudente hacia la puerta de la cueva. Quería mirar el exterior, sentir el viento. Se sentía a salvo.

Desde que los Insurrectos de la Muerte, como él y muchos otros la llamaban, había descubierto lo que sabía lo estaban persiguiendo. Ya había perdido la cuenta de cuantas noches tuvo que dormir solo y con frío, y cuantos días tuvo que caminar sin descanso hasta encontrar un refugio que no puedan alcanzar esos bárbaros. Pero siempre estaba en peligro. No solo él, sino todos los que conocían el Secreto. El mundo estaba en crisis, y se había derrumbado lentamente durante cincuenta años. Y ahora los perseguían a todos. Nadie sabía de lo que eran capaces, hasta que les tocaba padecer sus torturas. Los Siete Duques eran los que estaban más enterados. Nadie hubiera imaginado, a menos que lo conociera muy bien, que el hombre que ahora estaba en esa refugio tan precario y ruin había sido uno de ellos el que alguna vez había recibido esa invitación a concurrir a la revelación del Secreto, mientras descansaba a la vera de una chimenea, bajo el techo de un castillo.

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La Armadura

12 Marzo, 2008 · Archivado en Cosas de mi autorí­a, Poesí­a · Comenta 

A continuación voy a redactar una poesí­a que escribí­ hace cosa de un año y medio o dos y fue mi primera poesí­a. Tal vez no esta tan buena como para ponerla en un blog pero me pareció que serí­a conveniente tenerlo en la web en caso de que mis archivos se pierdan. Se llama La Armadura y esta basado en la novela de Robert Fisher (que recomiendo mucho) El Caballero de la Armadura Oxidada.

 

Hubo una vez
un caballero
con una armadura
de brillante acero

Tan brillante era,
que esta tal persona
no se la quitaba
ni para dormir siquiera.

Este esnob señor
partía a cruzadas,
ganaba torneos,
mataba dragones
y recibí­a trofeos.

Tanto amaba a su armadura
con su pobre corazón
que a su hijo y a su esposa
no les prestaba atención.

Pero al tratar de sacarse
la armadura, al fin un dí­a,
el caballero se dio cuenta
que quitarla no podí­a.

Ya parecí­an no amarlo
ni su mujer ni su hijo;
es que, como ella dijo,
su esposo ya no era el mismo.

El caballero aterrado
de que mujer e hijo
ya no lo quisieran,
huyó como hechizado.

Un bufón, enterado,
dijo al caballero
que vaya a ver un mago;
¡un mago consejero!

“Este camino debes tomar”,
el mago informó,
“Es un camino largo
el que a grandes hombres formó”.

El hombre tomó el camino
y allí­ aprendó
cuatro valores fundamentales:
honor, valor, sencillez
y sobre todo: AMOR

¿Y qué pasó con la armadura?
El caballero en el camino
los cuatro valores aprendió,
y toda su vida recordó.

Con las lágrimas
que derramó,
la armadura se oxidó
y en pedazos se cayó.

Él volvió con su familia,
y los valores practicó.
Pero nunca se olvidó del arduo y duro camino
de la Verdad y el Amor.

© Marcelo Lynch. Todos los derechos reservados.