Sin título (III) — [Idilio]
Se despertó con la sensación de que ya había soñado eso antes. Aunque sólo le quedaban porciones fugaces, pequeños vistazos de una imagen que no podía visualizar en su totalidad, pero que estaba seguro de que era lindísimo.
Viento.
Era bastante temprano. Por la ventana apenas asomaba el sol, invitando a la naturaleza a comenzar otra jornada. Sintió a la vez una felicidad inusitada y una gran desazón. Pero no sabía por qué, y el sueño ya casi se le había desvanecido del todo.
Ojos, unos ojos profundos.
Parpadeaba para deshacer los tonos de grises que estaba tomando el mundo, sintiendo su corazón golpeándole el pecho. No estaba seguro si era euforia o ansiedad. Trató de no hacerle caso. Respiró hondo y salió de entre las sábanas, y en ese momento conoció una nueva clase de vulnerabilidad.
Hebras morenas bailoteando en el viento.
De pronto todo era color. Y se sintió nacer otra vez, a una historia nueva. Y se desplomó sobre la cama, de repente, exhausto. Se arrebujó entre las sábanas una vez más y cerró los ojos, como esperando ver algo más cuando los abriera.
Una sonrisa, regalo sempiterno.
Y se acordó, ahí postrado, recordó cómo era. Y lo vio más claro que nunca, y el tiempo se detuvo ahí, en un instante que no iba a olvidar nunca. Entre retazos de luz viva, la imagen se volvió clara. Y volvió a vivir el sueño, que había olvidado momentos atrás.
Ella.
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