Protegido: (Sin título)
Peón
El siguiente es un relato rescatado de los anales de mi disco duro, con fecha del 25 de mayo de 2009.
¿Hacia donde voy? ¿Qué quiero?
Hacia adelante. Y no quiero mucho, solo sobrevivir. Aunque el sentido de esta guerra esté perdido, yo debo seguir caminando. Es la voluntad del Maestro, del Reino. Este sentido innato de querer vivir se impregna en nosotros cuando marchamos, ese puro deseo de poder esquivar los obstáculos que nos toca encontrar, aunque seamos meras intenciones, marionetas, de un poder mayor.
Supongo que no debo saber de qué se trata. El juego se estropearía de esa forma. Solo me queda esperar a que todo lo que hacemos sea por un bien mayor. Es cierto, me estremezco al imaginar que estoy del lado incorrecto, pero luego reflexiono, ¿cuál es la diferencia entre nosotros y el enemigo? Es blanco, o negro. No hay grises en esta batalla. No se puede opinar, al menos yo y mis pares no podemos, limitados por el poder de la Dama y los cuasi corruptos Caballeros. Aunque ellos son más piadosos. Pero no se trata de los líderes, se trata del inicio. Se trata del miedo.
¿Cuándo inició esta lucha eterna entre un bando y otro? ¿No se puede simplemente detener? Curiosamente, casi siempre es uno de mis pares el que inicia el ataque.
Si alguien supiera lo que pienso, estaría expulsado del terreno en un santiamén. Pero ellos no pueden evitarlo, no pueden evitar que razone, que yo tenga mi filosofía. Ni siquiera los Vigías, en sus Torres. No, ellos no piensan mucho, supongo. Se limitan a acatar órdenes, tal como yo. Entonces, ¿por qué tienen más jerarquía?, me pregunto. Tampoco mis compañeros, meros peones, hasta lo que yo sé, piensan bastante. ¿Seré el único en este mundo con remordimientos? No me importa. Estoy aquí, eso es verdad, y ellos también.
Cuando los líderes quieren abarcar con todo su poder a todo el mundo, éste se acaba. Lo sé por propia experiencia. Si alguien sabe de esto, es el Rey -que el Gran Maestro lo tenga en su gloria-, con su fútil mandato, al lado de la Dictadora. Ella. Me da escalofríos mencionarla. Pero su voluntad mueve montañas. Los Obispos, doctos por naturaleza, no encuentran argumentos para condenarla. En algunas ocasiones, parece que Ella está en todo lugar. El miedo nos recorre cuando la vemos pasar, en una marcha mortífera. Pero luego, claro, hay que defenderla a toda costa. A veces, incluso, exponiendo al Señor.
El miedo. Ella da miedo. Ella es el miedo. Pero ¿qué seríamos nosotros sin miedo? Nada. Un sentimiento que se pasa por alto, es el único que tenemos. El amor y la felicidad tienen poco espacio en nosotros. En mí. Yo solo quiero sobrevivir. Podemos. Si fuéramos juntos, todos, la derrocaríamos. Pero el miedo nos detiene. Nuestra sola capacidad de vivir con miedo es lo que la hace a ella más fuerte. No podemos volver atrás.
Tal vez habría que insubordinarse para conocer su verdadero poder. Habría que conspirar. Deberíamos.
Pero no podemos, por el Miedo. En mayúsculas. Tengo respeto ahora por ello. Significa más de lo que creemos. Teniendo miedo podemos conocer las cosas que nos dan tranquilidad, como una Torre cerca nuestro, esperando para atacar. Las cosas que no dan miedo son las cosas que, tal vez, nos alivian, nos hacen felices. El contraste nos tranquiliza.
Y debo retractarme ahora. Dije que solo teníamos miedo, ahora no estoy seguro de eso. Tengo rencor, tengo momentos de alivio, de felicidad. Sonreiría si pudiera.
Sobre escritores y personajes [soliloquio]
Borrador extraño de pensamientos, inspirado en reflexiones reales a partir de conversaciones de Literatura.
Había estado observando un punto en la pared hacía un par de minutos ya, imaginando formas y sistemas alrededor de éste, y a la vez pensando que esa insignificante manchita me había sacado bastantes segundos de mi tiempo.
– Por lo menos ya terminé de escribir. Aunque no me gusta, no. Escribir en primera persona no me gusta – me dije, los ojos fijos aún en la pizca de polvo en el mar de pintura blanca.
Sería porque al escribir en primera persona me sentía un poco más vulnerable, como si mi personalidad se imbuyera en el papel de una forma demasiado obvia.
– Porque aunque uno no se imagine a sí mismo en la acción, siempre se refleja parte de uno en una obra. – pensé.
En algún resquicio del subconsciente debe haber un pequeño ejecutivo que se encarga de eso.
Volví a la mancha. Segundos de mi tiempo, dije. Mi tiempo, extraña noción. Continué así con mi monólogo interior, dándome cuenta que mis monólogos interiores cada vez revolvían cosas más insignificantes, y a la vez eran cada vez menos monologados.
“Los hombres vivimos demasiado tiempo. Uno se preocupa por el futuro, siempre. O uno extiende el ahora a un futuro lejano. Y es mucho tiempo. ¿Setenta, ochenta, noventa años? Demasiado tiempo. Aún así, somos efímeros ante la vastedad (¿se dirá así, “vastedad”?) del universo.
“Entonces, ¿vivimos demasiado, o demasiado poco? ¿Estará bien que gaste cinco minutos de mi existencia reflexionando sobre la duración relativa de ésta misma?
“Ahora que lo pienso, me parece que el cuentito que terminé recién tenía algo que ver. Últimamente estoy existencialista. Le tengo que poner un título. ‘Superior’ o algo así puede servir.”
Me dispuse a leer unas líneas en voz alta, desviando mi atención de la mota gris de la pared.
– Sí, sí, “Supremo” o “Yo”, supongo. ‘Sobre escritores y personajes’.
Me detuve en una línea, y leí en voz alta.
« –Pero yo, yo, que lo estoy escribiendo a él ahora, mientras se preocupa por su dios (o Dios, con mayúscula), yo ¿seré su dios? Seré yo, “Yo”. Para él, por lo menos, sí. Tengo el poder de cambiar su futuro, su pasado, creo su presente.»
Pensé en mi pobre personaje, pensando en su propio personaje dentro de su cuento, creyéndose el Dios de su realidad inferior.
“Y yo soy su dios. Dios de un dios. Aunque se supone que los dioses son eterno (¿o no?), y así, no puedo considerarme un dios, con mi vida, demasiado larga o extremadamente efímera, pero al fin acotada”
Dioses efímeros de realidades inventadas.
La busqué, pero no la encontré de vuelta. La mancha en la pared ya no estaba.
Del otro lado también hay una persona
A real person, a lot like you from Derek Sivers on Vimeo.
El cyber-bullying y los trolls (esa clase de troll que odia y que ataca) me molestan bastante. A veces -consecuencia de mi personalidad- hasta me angustia un poco pensar qué tal se sentirá una persona que es molestada constantemente por internet. Por eso la banco a Rebecca Black (?)
Pero bueno, dejando eso de lado, me encantó el mensaje de este video, que es justamente lo que puse en el título. Del otro lado hay otra persona. ¿Le dirías todo eso en la cara?
Lo vi en Acceso Directo.
Los actores de Harry Potter en sus últimos días de rodaje
Me dan escalofríos, y estoy por llorar. #listolodije.
Visto en algún tumblr cuyo nombre no me acuerdo.
Ingresa tu email:
Delivered by FeedBurner


